AMANECER POBLANO
Las casitas se arrebujan
entre sábanas de niebla,
tiritando con el frío
Sabanero que las hiela,
i en su largo bastidor
un tapiz de sombras leves,
con hebras de aurora rosa
el río, mañanero, teje.
Con la brisa retozona
un rumor de hojas despiertas
corre en las calles del pueblo,
vacías i soñolientas.
El monte nos llena el pecho
con olor de savias nuevas
i la voluntad nos baña
la mañana en su agua fresca.
Hilo impalpable de cantos
los gallos van recogiendo,
mientras claman por sus madres,
impacientes los becerros
i finas flautas entonan
entre el samán i el uvero
una tierna sonatina
despidiendo a los luceros.
Un crepúsculo de almagre
en la humedad se disuelve
i pinceladas de luz
de la paleta de oriente,
que traspasan el cendal
de sereno que la envuelve,
a la Iglesia solitaria
le van dorando la frente.
Las casas abren sus bocas
en perezosos bostezos
i el aliento que despiden
de chicos dicharacheros :
con sus gritos, con sus chistes
i sus baldes i sus perros,
hacen trizas el silencio
i el sueñito mañaneros.
Pero, señera en la plaza,
como maestra del pueblo,
les muestra una chaguarama
con su índice verde i tieso
el centro de gravedad
de este claro día nuevo.

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